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De partida, tengo que reconocer
que dentro del amplio y fascinante mundillo de la música en general
siempre me decanto por sonidos más Jazzisticos/Bluesisticos en
particular, y dentro de ello también me decanto por formaciones
y bandas que a ser posible incluyan guitarristas, pues es con el instrumento
que más me siento identificado. Y aunque esto último no
es algo imprescindible a la hora de elegir una actuación, pero
sí es algo preferente en mi opinión.
Y eso fue lo que hice precisamente nada más llegar a mi primer
destino en tierras vascas: Vitoria-Gasteiz. La primera cita se
produjo en el Polideportivo de Mendizorrotza para ver ni más ni
menos que las actuaciones de tres grandes guitarristas tejanos sobre un
mismo escenario: Phillip Walker, Long John Hunter & Lonnie Brooks,
acompañados por la Blues Band de este último y destacando
la presencia del propio hijo de Lonnie Brooks (Wayne Baker Brooks),
quien hizo las veces de presentador del proyecto que hace unos años
denominaron Lone-Star Shootout, actualmente de gira por toda
Europa.
Como
digo, una buena presentación instrumental de la Blues Band de Lonnie
Brooks con Wayne al frente de la misma, para dar paso a la primera
actuación de la noche: Phillip Walker con su guitarra de
semicaja y con un clásico sonido blues-rock, muy correcto en la
realización de los sólos y levantando el ánimo de
un público jazzero demasiado serio para este tipo de
actuaciones... acto seguido irrumpió en escena un Long John
Hunter con ganas de tocar y con muy buen sentido del humor, usando
su clásico modelo de guitarra strato amarilla, quien
después de producir unas sonoras risas entre el público
(por la forma tan cachonda de presentarse y por la variedad
de gestos y expresiones) dio paso al mejor blues de la noche, puro blues
tejano de alto voltaje que entusiasmó e hizo vibrar a todo el gabinete
de prensa, lugar privilegiado desde donde tuvimos ocasión de disfrutar
de tan magnífica triple actuación.
Por último salió al escenario el esperado Lonnie Brooks
con las mismas ganas de tocar blues que sus dos colegas anteriores, con
buenas dosis de Rock & Roll en la ejecución de sus temas e
influenciado quizás por el sonido de Freddie King.
Con Lonnie Brooks y su Blues Band, el concierto ganó en
intensidad y cada miembro de la banda brilló con luz propia durante
la ejecución de sus solos (a destacar la intervención de
Mark Kaz Kazanof en la sección de
vientos y en los toques de armónica). Tras los primeros 30 m. de
actuación de Mr. Brooks con unos motivantes riffs de guitarra ligeramente
distorsionados incluyendo toques con la boca (al más puro estilo
Hendrix), subieron al escenario sus dos colegas de Lone-Star
Shootout siempre haciendo gala de un magnífico
sentido del humor con bromas entre ambos, para interpretar juntos distintos
clásicos de Blues y poner el fin de fiesta por todo lo alto a una
noche en la que reinó el Blues.
A la salida del recinto tuvimos un breve reencuentro con uno de los mejores
armonicistas de blues en España, el compañero y amigo Ñaco
Goñi, el cual tampoco quiso perderse una noche tan especial
y con quien compartimos unos minutos a la salida del recinto.
Ya de madrugada y con las buenas vibraciones del concierto de Lone-Star
Shootout, nos dirigimos al Hotel Canciller-Ayala para
presenciar la primera de las 5 actuaciones que tenía previsto dar
el guitarrista Russell Malone dentro del programa oficial del Festival
de Vitoria-Gasteiz. Nada más llegar al hotel nos encontramos
con la grata sorpresa de un pequeño salón piano-bar
adaptado para el directo, muy acogedor, y con un aforo reducido para disfrutar
de los conciertos casi en familia y en plan acústico...
de hecho, la mayor parte del público asistente durante las 5 noches
estaba formado por diferentes músicos del festival (recordar que
era el hotel donde se alojaban), personal de prensa y distinto personal
de la misma organización del festival, además de un puñado
de buenos aficionados entre los que se encontraba quien escribe estas
líneas.
Entre el público de la primera noche se encontraban también
los miembros de la Blues Band de Lonnie Brooks, con quienes tuvimos el
placer de tomar unas copas en plan distendido mientras disfrutábamos
de la actuación de Russell Malone. El mismo Wayne Baker
Brooks quedó fascinado ante la técnica tan virtuosa
y la forma tan elegante de tocar del genial Malone. Para esta ocasión
el guitarrista de Georgia venía acompañado de un magnífico
cuarteto, destacando la labor del polifacético bajista Richie
Goods.
Russell Malone es un guitarrista que se mueve con una facilidad
envidiable entre el Jazz, el Swing y el Blues, y al que se le notan claramente
las influencias de Wes Montgomery, George Benson y B.B. King (incluso
llegó a participar como respetuoso guitarrista rítmico en
el álbum Let The Good Times Roll del Rey del
Blues). El agradable y amistoso ambiente en el hotel contribuyó
a que Russell terminara todos sus conciertos ofreciendo puro blues instrumental
!!como debe ser!! -, con temás de más de 20 m. de
duración, y realizando una verdadera exhibición en un repaso
a los diferentes estilos y sonidos blues en Norteamérica, del que
dejó constancia que es un perfecto conocedor.
Terminada la actuación de Russell Malone nos dimos cita
en la otra sala piano-bar del hotel, adaptada también
para directos acústicos, donde tenía lugar la actuación
de un potente bajista llamado Christian McBride, procedente del
jazz-rock y la fusion, y acompañado por otro impresionante cuarteto
(esta vez sin guitarrista... que le vamos a hacer!!), con quienes se derivaban
unas auténticas jam-sessions en la que subían al escenario
invitados de todo tipo (músicos de la blues band de Lonnie Brooks,
la banda de Russell Malone e incluso algunos osados aficionados con mucho
nivel). El Blues y el Funky se daban esta vez la mano para finalizar la
jornada alrededor de las 6 de la mañana... esta fue la tónica
que se mantuvo durante las 4 noches siguientes.
Mención especial para las actuaciones de Béla Fleck &
The Fecktones, quienes se marcaron un interesante blues (con el mismo
Béla Fleck realizando unos curiosos sólos de banjo mientras
uno de sus músicos tocaba dos saxos al mismo tiempo) y la no menos
maravillosa actuación de The Manhattan Transfer, con dos
partes bien diferenciadas: la primera con buenas dosis de swing &
blues en la ejecución de casi todos los temas, y la segunda en
un nostálgico tributo a Louis Armstrong.
Así llegamos a nuestro segundo destino en el país vasco:
San Sebastián. Y en Donostia nos encontraríamos con
otra de las gratas sorpresas que levantaban curiosidad en el programa
de este año...: Hiram Bullock.
En San Sebastián se presentó con una sencilla formación
de trío (guitarra, bajo y batería), para tocar durante 4
noches seguidas en uno de los varios escenarios instalados en el paseo-terraza
del Centro Kursaal. Y precisamente fue en este mágico lugar donde
Hiram Bullock ofreció lo mejor de su repertorio blues, a
veces con un cierto aire latino y otras veces con buenas dosis de rock,
terminando las actuaciones de todas las noches con viejos temas clásicos
de la década de los 70s...
Hiram se debe mucho al público que tiene delante para interpretar
tal o cual tema, e hizo gala de la destreza y el dominio que tiene a la
hora de ejecutar blues con mucha fusión, en unos sólos muy
buenos (con carreras incluidas fuera del escenario, mientras recorría
el aforo del lugar de cabo a rabo descargando su distorsionada guitarra
entre un público atónito por lo que estaba presenciando)
y unos sonidos a veces jazz y a veces funky arropado en todo momento por
los coros vocales del bajista y batería, pero siempre blues, e
incluso cuando interpretaba esas versiones cargadas de rock comercial
o de influencias
latinas, también se dejaba entrever la gran escuela blues de la
que procede. !!Como anécdota nos regaló una de las famosas
púas violetas que tanto le caracterizan y que
tanto circulan últimamente por la red en infinidad de páginas
musicales!!.
En la noche que actuó con B.B. King en la emblemática
Plaza de la Trinidad (en pleno casco viejo de Donosti), y dado que había
un mayor número de público (más joven), tuvo que
recurrir a un repertorio aún más rockero y comercial (desarrollando
incluso una simpática faceta de showman) para terminar
de meterse a la juventud en el bolsillo, como así fue,
dado que la mayor parte de gente había venido para ver y escuchar
al rey del blues. En cuanto a B.B. King poco podemos
aportar ya a estas alturas que no se haya dicho antes... aunque comentaré
algo que aún no he escuchado ni leído en ningún medio
de comunicación. En mi caso era la tercera vez que lo escuchaba
en directo, y la verdad es que siempre es como si fuera la primera vez.
Pero
bueno, quizás un lugar con tanta solera (la plaza de la Trinidad,
donde todos quieren tocar cuando vienen a San Sebastián) unido
al buen sonido de la Blues Band de B.B. King, y al sitio tan cómodo
desde donde pudimos disfrutar de la actuación (la terraza de la
Sociedad Vasca de Gastronomía), hicieron posible que disfrutáramos
de una auténtica noche de verano con el blues como protagonista.
Es evidente que B.B. King brilló una vez más con
luz propia, aunque para muchos de nosotros esa noche el rey del
blues pecara de un exceso de protagonismo que nos chocó
bastante en muchos momentos del concierto, sobre todo al final del mismo,
donde con una actitud más bien de Divo (yo, mí,
mío) y una forma un tanto extravagante se pusiera como un poseso
a repartir pins e insignias suyas a cierta gente que él mismo elegía
de forma selectiva, acaparando la atención de todo el mundo,
en un acto más propio de cualquier otra cosa excepto de un
concierto de Blues. Mientras la misma banda no paraba de mencionar su
nombre durante todo el numerito.
Sé
que en el mundo del Blues y sobre todo del Rock esto suele ser bastante
habitual, pero insisto en que lo de B.B. King en Donosti fue algo
sobrante y que a estas alturas es innecesario en su carrera, además
de incoherente puesto que luego fuera del escenario se niega por ejemplo
a algo tan simple y motivante para muchos aficionados como firmar autógrafos
y a fotografiarse con nadie.
Aparte
de los ya mencionados, dentro también del festival de San Sebastián
habría que destacar las actuaciones durante varias noches de Georgia
Mass Choir, una potente y numerosa banda de negros/as
tocando auténtico gospel eléctrico, los cuales hacían
vibrar al público cuando interpretaban versiones de clásicos
del blues y del rock... y la mágnifica y superdivertida actuación
de los catalanes New Orleans Blue Stompers, en un tributo
también a Louis Armstrong y al más puro estilo de las big
bands de New Orleans de los años 20s. El balance final se
traduce en 16 buenas actuaciones durante 16 días de vacaciones,
una agenda repleta de contactos con buenos amigos/as dentro y fuera de
nuestras fronteras, un buen lote de CDs (only blues, of course!!),
y la esperanza de poder volver a visitar el país vasco el año
que viene durante las mismas fechas...
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