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Pero lo curioso del tema es que Mayall consideraba a su grupo como una empresa, contratando y despidiéndo a los músicos a su exclusivo antojo. De este modo los músicos eran retribuídos por horas (como los de estudio), incluso el mismo Clapton, que de nada le sirvió que apareciera su nombre en una de las portadas de los discos de Mayall: era tratado como uno más. Pero la cosa no se queda aquí; se cuenta que después de los conciertos, los músicos eran obligados a apiñarse en la parte delantera de la furgoneta mientras Mayall descansaba plácidamente en la parte trasera.
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