Hoy, 21 de enero de 2012, se cumplen veinte años de la muerte de ”Champion” Jack Dupree en Hannover, Alemania. Según se cuenta, murió con una sonrisa en los labios. Al acto de su cremación acudieron un buen número de amigos, músicos y aficionados que atendiendo a la letra de una de las canciones de Jack (“Give me the flowers while I’m living”, “Llevadme las flores mientras esté vivo”) se abstuvieron de llevar flores al funeral y según una tradición cherookee portaba plumas para colocarlas encima del ataud. Posteriormente y según su propio deseo, las cenizas se arrojaron al Mar del Norte.
Probablemente la historia del blues esté repleta de pianistas más virtuosos e indudablemente ha habido mejores cantantes. Pero pocos pueden presumir del inmenso legado que “Champion” ha distribuido por dos continentes a lo largo de cerca de ochenta años, menos aún podrían asegurar el haber sido testigo de primera fila de los mejores años del blues en las ciudades que vieron nacer el género, de Nueva Orleans a Chicago; de su paso y enraizamiento en el Londres de los años sesenta y de su posterior desarrollo en Europa. Y unos pocos, contados con los dedos de la mano, podrían competir con él en el número de leyendas con las que compartió grabaciones y escenarios y en la calidad de los músicos que tuteló e impulsó en su carrera hacia el blues. Esa es su mayor grandeza.
La figura de Dupree tiene además un componente multidisciplinar que le diferencia de otros músicos y que, a la manera de los artistas renacentistas, le hizo destacar e interesarse por un buen número de palos dentro del blues y en otras actividades al margen de la música.
Como bluesman cultivó el crudo estilo del barrelhouse, el más sofisticado estilo urbano de Leroy Carr, el voudeville a la manera del clasic blues cuando en Indianápolis formó pareja con la cantante Ophelia Hoy, los estilos tradicionales de su Nueva Orleans nativa, los orígenes del blues eléctrico durante su estancia en Chicago, el revival del folk blues en Nueva York, el nacimiento del blues británico en la Inglaterra de finales de los cincuenta y en sus grabaciones con Mayall, Clapton y otras tantos de los que luego serían figuras del brithis blues; la aparición de ese pianistas europeos de boogie que tan buenos resultados está dando…
Fuera del mundo de la música, “Champion” ganó, entre otros premios; un campeonato de boxeo en Indianápolis hacia el año 39 y en la categoría de los pesos ligeros tras derrotar a Bob Montgomery. La mayor parte de la carera pugilística de Dupree se desarrolló con nombres falsos, sin licencia y en el circuito de apuestas semiclandestinas. Eran tiempos duros y la supervivencia ya le había llevado a vagabundear viajando hacia el norte, llevando la vida de un hobo y saltando de un lugar a otro donde hubiese un garito con un piano para ganar algunas monedas. En Detroit y durante una temporada su mayor fuente de ingresos fue la venta ilegal de licores.
Aprendió a cocinar en un barco de guerra durante la II GM y haciéndolo para los oficiales japoneses en la Isla de Java durante los dos años en que fue prisionero de guerra. Más tarde trabajó de chef en algún restaurante alemán e incluso acarició la idea de abrir un local dedicado a los platos de Nueva Orleans. Claude Nobs, el director del festival de Montreux, afirmo que con Dupree llegó a firmar “el contrato más extraño de mi vida. Era tan buen cocinero como músico, lo que no es poco decir. Durante unos años estaba previsto que hiciese la comida si los músicos tenían hambre, o que tocase si no les apetecía…”
El racismo fue la causa que le llevó en 1959 a abandonar los Estados Unidos y asentarse en Europa, también fue un pionero a la hora de escribir letras para sus canciones en las que se criticaba abiertamente la actuación de algún presidente, se hablaba sin tapujos de temas como las drogas o se abogaba por la descolonización de los territorios coloniales africanos. A lo largo de su vida se manifestó como un luchador en pro de los derechos de los músicos y protagonizó un buen número de peleas contra los abusos de los sellos discográficos.
Durante los últimos años de su vida, Champion inició una nueva carrera como artista plástico que le llevo a realizar exitosas exposiciones en los países del norte de Europa. Dupree encontró en la pintura una nueva forma forma de expresión con la que plamar todo aquello que llevaba dentro de otra manera distinta a la música… “Para mí es muy diferente, hay color en mis cuadro, pero no hay colores en la música. Cuando pinto, siento que me gusta esa forma de expresarme y me gustaría que la gente lo sintiese también. Cuando toco el piano expreso lo que siento y quiero que la gente lo sienta también. En mis cuadros no hay un solo color, hay muchos colores. En mis pinturas puedes ver lo que soy, en mi música puedes sentir lo que siento. Son dos formas diferentes de buscar la armonía”.En muchos de sus cuadros parece querer recuperar la herencia genética de su sangre cherokee, ya que a menudo utiliza imágenes de los primeros nativos americanos en un estilo ingenuo y primitivista.
El resto, lo más importante, son las excelentes grabaciones que desde la primera, el 13 Junio de 1940 en Chicago, y la última a unos meses de su muerte; destilan calidad y saber hacer y constituyen un repaso a su historia personal y a cincuenta años en la historia del blues. Allí está lo mejor de su legado para cualquiera que lo quiera descubrir.
Ramón del Solo